martes, 9 de octubre de 2001

Carta

A Dunbar Mastersmate, líder de los Túnicas Blancas de Ansalón.


Saludos, viejo amigo. Espero que cuando recibas estos legajos tanto tú como los tuyos os encontréis perfectamente. Recompensa al pequeño mensajero que te hará llegar, espero, esta carta; aunque no dudo que para él conocer personalmente al adalid de los túnicas blancas será toda una recompensa.


Aún no he encontrado aquello que vine a buscar amigo mío, sigo caminando hacia el sur para hallarlo. Sé que no consideras digna de confianza a aquella mujer, la vistani, que me habló del portal, pero hasta ahora todas sus indicaciones han sido correctas.


Me extiendo y olvido el propósito de esta carta. Hace dos días, en plena tormenta, harto de raciones frias y de pieles aún más frías me acerqué a una rica hostería. Esta estaba ricamente decorada, tapices, cuadros, pesadas cortinas tapaban cada pulgada de las paredes. Juzga cual sería mi sorpresa al encontrar sobre la chimenea, en un tapiz, ¡los símbolos de los Caballeros de Solamnia!. Un martín pescador coronado sosteniendo una espada en cuya hoja se hallaba grabada una rosa. El posadero, un coleccionista de cintura casi tan grande como la tuya... perdoname, pero pasas demasiado tiempo en esa torre y muy poco en el mar... Te decía, el posadero me contó que había encontrado ese tapiz en un baúl que compró a una noble familia venida a menos de la costa. Me mostró tal baúl, y en él encontré muchas cosas, anillos, pergaminos, mapas, un colgante con el colmillo de jabalí de Kiri-Jolith... que me permitieron desentrañar una curiosa historia. Los papeles eran copias de copias de copias, por lo que mostraban algunos errores de bulto, pero aún así...


Piensa en los últimos días de la guerra de los dragones en Vingaard. Huma ha traído la dragonlance, y con ella la esperanza a las fuerzas de la luz. De repente, en el horizonte aparecen las fuerzas de Ergoth. ¿Cómo llegaron hasta allí sin ser estorbados por las fuerzas de la Reina?.


Según estos papeles, parece ser que al norte custodiando la vía a Ergoth, se hallaba un templo-fortaleza consagrado a Kiri-Jolith. Asediados...


“Asediados, llevamos ya dos semanas encerrados, rechazando ataque tras ataque de las fuerzas de la oscuridad. No hay posibilidad de retirada teniendo al ejercito que asedia Vingaard a nuestra espalda. ¿Será el nuestro un sacrificio inútil? Custodiamos el paso a Ergoth, pero el emperador permanece encerrado en su torre de marfil, rechazando ayudarnos en este conflicto que nos acabará a todos. Ah... hermano, ojala estuvieras aquí para guiarme de nuevo, a ti y no a mí correspondia el mando de esta fortaleza. Temo no ser lo suficientemente fuerte en mi fe para ser el Comandante de este puesto. Que mi señor Kiri-Jolith me ayude.”


... parece ser que no pasaban de cincuenta caballeros y otros tantos escuderos, todos consagrados al dios de la batalla justa. En cuanto a los jóvenes escuderos...


“¡Escudero! Madre, crewo que moriré antes de llegar a ser investido. Nuestro nombre desaparecerá aquí, en el templo de nuestro señor, sin haber alcanzado de nuevo la dignidad de caballero y sin haber limpiado nuestro nombre. Día tras día esas bestias se lanzan contra las murallas. Han sufrido innumerables pérdidas, pero eso no parece importarles, mientras que para nosotros cada caído representa una pérdida terrible, una oportunidad menos para sobrevivir. Que Paladine nos asista, ahí vienen de nuevo.”


... al amanecer del octavo día ya eran demasiado pocos para guarnecer todo el perímetro de la muralla, recurriendo a ardides para...


“Ardides, hasta aquí hemos llegado. Hoy ya no hemos podido defender toda la muralla, he ordenado colocar muñecos con armaduras en el muro oeste. Todos se giran a mí esperando un mínimo de esperanza, de fuerza, como si fuese el mismo Kiri-Jolith encarnado, que mi señor me perdone la blasfemia. Ya ves, mi amor, como están las cosas. Me alegro de haberte enviado con tu familia a Ergoth. Si hemos de caer, primero lo hará Solamnia, última de todas caerá Ergoth y su cobarde emperador. Hablale de mí a nuestro hijo por nacer, amor mío, cuentale que su padre cayó en una fortaleza en el Norte. Cuentale que era el Maestro de Armas de los Caballeros de la Espada.”


... parece ser que un dragon de bronce, su enlace con Ergoth, les aviso de que una dura alternativa se les ofrecía...


“Alternativa, ha llamado a eso alternativa. Retirarnos a Ergoth, salvando la vida, o permanecer aquí, defendiendo el templo para que el ejercito de la Reina no impida el paso a las fuerzas de Ergoth. Sé muy bien lo que tú harías, hermano. Convocaré una Asamblea de Caballeros, pero conozco de antemano la elección. A fin de cuentas, somos Caballeros de Solamnia.”


... conocedor de las escasas posibilidades de supervivencia, de las esperanzas que los jóvenes escuderos habían depositado en la Hermandad, el Comandante decidió otorgarles a todos ellos el estatus de Caballero...


“¡Caballero! Madre, seré investido. El Comandante nos lo ha comunicado esta tarde, mañana me contaré en las filas de los Caballeros. Madre, señora, nuestro nombre de nuevo está limpio, mañana nuestra familia volverá a ser lo que fue, Caballeros de Solamnia.”


... y reunidos en Asamblea, todos...


“Todos esperan mi voto, que como Maestre de Armas debe ser el primero. ¿Cómo podría votar otra cosa? Amada, perdoname, pero con mi decisión te convierto en viuda, y huérfano antes de nacer a nuestro hijo. Pero no puedo, no podemos, tomar otra decisión. Aquí, en el centro del templo, nuestro señor observa nuestro corazón. Somos, ante todo, Caballeros de Solamnia.”


... y fue en el amanecer, cuando los jóvenes recien investidos salian del templo, que las fuerzas de la oscuridad, innumerables, se abatieron sobre los últimos defensores de la fortaleza, escalando las murallas...


“Han escalado las murallas, no hay forma de resistir, debemos retirarnos al templo. Que se toque a retirada.”


“Hemos perdido las murallas. ¿Dónde esta el Comandante? ¿qué hacemos? Suena el toque de retirada, ¿dónde? ¿al templo?”


“Nos han rechazado de las murallas. ¿Al templo? Sí, el templo debe ser defendido a toda costa.”


... y se retiraron al templo, donde pasaron la noche mientras el enemigo saqueaba la fortaleza. Convocada de nuevo la Asamblea, decidieron por unanimidad morir defendiendo el altar de Kiri-Jolith. Formarían un círculo en torno al espacio sagrado, franqueando las puertas al enemigo. Cuando el mayor número de estos hubiese penetrado en el edificio, cuando todo se hubiese perdido, los últimos tres defensores derribarían los tres pilares sostén del templo, símbolo del Triunvirato, impidiendo así la profanación del altar.


El enjambre enemigo derribó las puertas, los Caballeros combatieron durante toda la mañana, y finalmente, antes de que el primer pie enemigo hollara el altar...


“Hermano...”


“Madre...”


“Amada...”


... derribaron el templo sobre ellos y sus enemigos.


“¡Mi honor es mi vida!”




Esto es lo que he podido desentrañar ¿adivinar?, ¿inventar?, de las cosas que encontré en la caja. Difícilmente podría decirte como llegaron hasta aquí, pero tengo mis propias ideas.


Cuídate, viejo amigo, que Solinari siempre alumbre tus pasos.


Siempre con los tuyos,


Eilif Aglar.

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